Aburrido

Casi siempre  me pasa en algún momento del año: Me comienzo a aburrir de la gente.

Seguro que mis alumnos piensan lo mismo de mí, pero ese es otro tema.

El caso es que la gente me aburre y no puedo evitarlo.

Intento mostrar interés, pero es difícil encontrar a gente realmente que me interese, que me motive algo de curiosidad al menos.

Podemos hablar durante horas, días, meses o años de banalidades, sin llegar a profundizar nunca o dar claves más profundas de lo que somos y buscamos.

Entiendo que puede ser difícil intentar ser otro, dar un salto sin paracaídas y sin red, pero cuando ves que la vida se repite, que tus quejas se vuelven parte de ti, que buscas justificar absurdamente tu cotidianidad, entonces es que el problema no es externo, sino que tú eres el problema.

Cada vez conozco a más gente, y lo malo es que se repiten los esquemas una y otra vez.

Quizás es que yo también me he instalado en la normalidad, en la banalidad absoluta y que es poco lo que puedo externar o que no conozco suficiente a la gente como para poder entrar realmente en sus vidas, ni que ellas entren en la mía.

Todo es demasiado virtual, superficial, epidérmico sin tocarse siquiera.

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