Hablando sin voz

En México escribía.
En España divulgo.

Es un matiz fundamental para mí, puesto que en lo primero ponía sólo el corazón, y en lo segundo pongo sobre todo la cabeza.

Cuando escribía, uno de los principales retos que tenía era encontrar una voz para cada uno de los personajes.
Era curioso estar intentando una y otra vez una frase tras otra hasta encontrar lo que cada uno tenía que decir.
Cuando lo conseguía, la acción transcurría con relativa facilidad.
No era muy descriptivo en lo que escribía, sino que sobre todo era lo que decían los personajes lo que iba desarrollando todo.

Hoy es un día de descanso en España y me he puesto a pensar en lo que ha sucedido recientemente.

He pensado que lo mismo sucede con la vida.
Debes encontrar tu voz para escucharte y para que te escuchen mejor.
Sin voz, puedes hablar mucho, pero no expresar lo que realmente pienses o sientas.
Sí, la gente sabrá de ti, pero superficialmente y, después de un tiempo, sentirás que en realidad no te comprenden.
Es una forma de dar una imagen de apertura y comunicación, cuando en realidad estás aislado, bien sea por voluntad propia o, peor, por incapacidad para expresarte.

He pensado esto, porque no me había dado cuenta de que llevo tiempo hablando sin voz.
Estoy hablando mucho, pero muy poco con mi propia voz y, de no usarla, quizás es que la he perdido.

Espero recobrarla o reencontrarla muy pronto.

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