Soy mexicano y tengo la influenza

Al final parece que todo va a quedar en un catarrito.

La gran pandemia mexicana que, como la española, iba a matar a millones de personas en todo el mundo -por fortuna- parece que no pasará de una cepa nueva de la gripe común.

Como mexicano tengo sentimientos encontrados.

Por un lado, creo que el país ha hecho un esfuerzo monumental para evitar la propagación del virus.

La gente pasó del miedo a relajarse y bromear con la situación como ya he comentado en el anterior post.

Por otro, los políticos mexicanos han tomado decisiones que exceden los poderes que les asignaron los ciudadanos cuando los votaron.

Por ejemplo, entrar a restaurantes y otros lugares de reunión para obligar a la gente a desalojarlos se me hace una conculcación de los derechos de las personas.

Asimismo, se daba la posibilidad de que el gobierno entrara a casas sin mandato judicial si se creía  que era en bien de la seguridad nacional.  Una medida totalmente fascista.

Luego, se dieron las reacciones exageradas de países como Argentina, Cuba, China, entre otros, cerrando su tráfico aéreo a los aviones procedentes de México o, peor, poniendo en cuarentena a todo un avión.

Esto es lo que más me fastidia.

Yo plantearía un boicot contra los productos chinos, argentinos y cubanos en México por el trato que nos dieron.

Si no nos quieren en sus países, no queremos su productos, tampoco comeremos en sus restaurantes ni haremos turismo en sus ciudades.

Que no se entienda esto como una reacción “ardida”, como diríamos en México, sino como una muestra de que toda acción conlleva una reacción y que los mexicanos también podemos tomar decisiones unilaterales cuando nos plazca.

Especialmente tristes fueron las posiciones de Argentina y Cuba, cuyos ciudadanos han sido recibidos en México por miles durante años huyendo de sus dictaduras.

Si les hubiéramos cerrado nuestras fronteras muchos habrían muerto o habrían caído presos en sus países por sus respectivas dictaduras.  Esto hay que recordarlo y repetirlo cuantas veces haga falta, porque es algo real y muy fuerte es ahora recibir este trato de su parte.

Si soy mexicano y tengo influenza, sigo siendo una persona con derechos y a la que deben guardarme respeto.

Mal por nuestras autoridades (por sus excesos); mal por los países que nos cerraron sus puertas; mal por la OMS por su pésimo trabajo que sólo causó una alarma desmedida.

Bien por los mexicanos, bien por su civismo, bien por su sacrificio, bien por su humor.

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