¿Racismo contra los españoles?

Las crisis sacan lo mejor y lo peor del ser humano.

El nerviosismo está a flor de piel debido a la posibilidad de quedarse sin trabajo, a las extenuantes jornadas que tenemos que hacer para conservar nuestro empleo, al ambiente que los medios de comunicación se encargan en magnificar…

Entonces ocurre.

Ocurre que la gente a tu alrededor comienza efectivamente a quedarse en el paro, que las relaciones en el trabajo se hacen más tensas debido al cansancio físico y mental acumulado por las horas y horas que tenemos que pasar en la oficina o donde sea que laboremos, y que lo que dicen los medios se queda corto con respecto a la realidad.

Pero hay realidades que no alcanzan a ocupar espacio en los periódicos, en las televisiones ni en la radio y que son igual o más preocupantes, porque cuando lo hacen es casi siempre de manera escandalosa y preocupante; cuando ya es muy tarde.

Es el caso de los sentimientos racistas que se viven en contra de los inmigrantes y también de los propios inmigrantes en contra de los españoles en situación de precariedad.

De una forma imbécil, los inmigrantes que prestan apoyo a la gente en situación de pobreza, hace distingos entre otros inmigrantes y españoles, cuando todos necesitan y no desmerecen ayuda por ser de una u otra nacionalidad.  Por ejemplo, cuando se hacen repartos de comida en algunos sitios donde confluyen indigentes, los inmigrantes sólo dan alimentos a otros inmigrantes.

Cuando los españoles preguntan por qué a ellos no se les incluye en el reparto, algunos inmigrantes llegan a decir estúpidamente: “Antes los españoles nos jodieron a nosotros, ahora se aguantan”… o algo así.

No puedo entender ni justificar de ninguna manera este tipo de comportamientos. Es más, se me hace una actitud que merece ser repudiada sin paliativos.

Yo he sufrido en carne propia el desprecio,  a veces sutil otras abiertamente, de algunos españoles, pero no por eso voy a despreciar a nadie ni negaría la ayuda a alguien que me la pida, independientemente de su nacionalidad, color de piel, orientación sexual, ni ninguna otra consideración.

Las crisis son momentos en que deberíamos ayudarnos unos a otros.  Yo estoy intentando hacerlo con mis amigos, aunque me gustaría hacerlo con más gente.

Espero que las cosas pronto mejoren y que este tipo de episodios sólo queden como desagradables anécdotas que puedan ser superadas por la generosidad, el respeto al otro y una amplitud de miras que reconozca la necesidad de la integración como único camino hacia una sociedad mejor.

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