Un hombre en construcción

Cuando era niño pensaba que a los 25 tendría una vida completamente definida: una familia propia, un trabajo en el que haría carrera, algunos bienes…

Es curioso que también hubiera pensado en que para esa edad ya habría viajado y conocido el mundo, habría publicado un libro y no sé qué tantas cosas más…

Y es que el sentido del tiempo es muy distinto cuando eres niño.

Recuerdo que algunas clases de la primaria se me hacían eternas y tenía que inventarme cosas para no morir de aburrimiento.  Varias veces terminé en la oficina del director por estos antídotos contra la monotonía.

Eso era cuando era niño… Hace tiempo ya.

Ahora que oficialmente dejaré de ser joven, sólo unas pocas de estas visiones de niño se han cumplido.

Y sí, quizás algunas veces me pregunte por qué no se han cumplido todas.

Pero ahora, con la perspectiva de la madurez y la distancia de los años, no creo haber conseguido poco y que si no he llegado a más ha sido por decisión mía.

Me considero un hombre en construcción.

Alguien que tiene los planos de su vida en su mente, su cuerpo es su terreno, el fruto de su esfuerzo sus ladrillos y sus ganas el cemento. (Uff, ¡qué cursi!)

Creo que estar en construcción es también estar abierto y dar la bienvenida a las oportunidades.  Es tener un sueño y avanzar para conseguirlo.  Es tener tiempo para asistir con libertad a acontecimientos de la vida.  Es gestionar una ambición y evitar a toda costa hacer daño a la gente que nos rodea.

Si bien estar en construcción también puede parecer el resultado de una serie de decisiones erróneas.

Mi esperanza es que los errores cometidos sean transitorios.  Es decir, lo que en su día significó un paso en falso, una caída, a lo largo del tiempo no sólo haya pasado, sino que nos haya indicado el camino o una nueva trayectoria.

La madre de una amiga me dijo una vez algo que me dejó frío:

– A los 50 años, creí que estaba hecha.  Tenía tres hijos sanos, fuertes, que estudiaban y se ganaban la vida.  Una situación económica sólida, con negocios, casas, coches.  Un esposo al que amaba y admiraba.  (…) Pero todo cambió cuando me enteré que mi esposo tenía otra familia.  Entonces perdí mi posición económica. Mis hijos pasaron una temporada horrible por nuestra separación… y yo perdí a mi compañero.

Entre mis amigos, varios van por su segundo matrimonio o por su segundo divorcio.

Varios están cambiando su lugar de residencia.

Están siendo padres/madres por primera vez.

O siguen solteros, como yo.

——

Revisando mis fotos de joven, me doy cuenta de que sigo avanzando.

De que no sólo han pasado los años por mí, sino que hay cosas que he conseguido y que aún habrá otras que estoy a punto de conseguir.

Un hombre en construcción.

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