La desintegración del PRD

Ya he indicado anteriormente que políticamente soy de izquierdas, aunque con ideas liberales en el aspecto económico.

Siempre he votado candidatos de izquierda, aunque supiera que quienes  recibían mi voto no ganarían.

He sido observador electoral en una zona rural de Michoacán y en la Ciudad de México.

También he sido líder estudiantil (con paro incluido) en una universidad privada.

Durante la carrera, era el único que leía La Jornada, pero el de la era Payán, con Miguel Angel Granados Chapa, Soledad Loaeza, etc. En lo que se ha convertido ahora este periódico es en un pasquín infumable al servicio del PRD.

Y de aquí quiero hacer una reflexión sobre la desintegración de la agrupación política con tendencias izquierdistas que más éxito ha tenido en México: el Partido de la Revolución Democrática.

Siempre cuento la misma anécdota para tratar de explicar las razones que han provocado la desintegración del PRD:

En la elección en la que Cuauhtemoc Cárdenas arrasó para hacerse con la jefatura del Distrito Federal, el PRD no tenía cuadros suficientes y tuvo que echar mano de candidatos “independientes”.

Pero eran tan independientes que muchos de ellos no sólo no tenían carnet perredista, sino que ni siquiera hicieron campaña y es que apenas estamparon su firma en la documentación que les facilitaban representantes del partido del sol azteca. Se trataba de profesores de la UNAM, del CCH y algunas personas con una cierta simpatía por la izquierda política.

Sucedió que Cárdenas arrasó y muchos de estos “candidatos” se vieron beneficiados por la sorprendente movilización que se generó a favor del PRD.

La anécdota es la siguiente:

Un profesor de un CCH que había sido incluido in extremis en una candidatura resultó electo sin haber hecho campaña, ni ningún esfuerzo más allá de firmar su candidatura.

Padre de dos hijos, vivía -no sin ciertas estrecheces- con su sueldo de profesor.

Al conocer que había resultado electo, se “volvió loco”.

Llevó a su familia a un concesionario de coches y le pidió al dueño que le mostrara distintos modelos para él, su mujer y sus dos hijos. Cuando se decidió por 4 modelos diferentes, le dijo al dueño que habia resultado electo en la elección y le dijo que le diera los coches gratuitamente, que ya encontraría una forma de pagarle el favor.

La reacción del dueño fue de estupefacción y estuvo a punto de echarlos de la concesionaria, pero… finalmente le dio los 4 coches gratuitamente.

Siguió la misma táctica con un par de departamentos, uno por hijo… y también los consiguió.

Esta historia parece imposible, pero es terriblemente verdadera.

Y escribo terriblemente, porque da una idea del oportunismo, de la ausencia total de ideología y de la corrupción, el nepotismo y la degradación moral que ha acompañado al PRD desde que comenzó a alcanzar puestos de poder y riqueza.

Por desgracia, para los que vivimos los excesos del PRI y estamos viendo con preocupación algunas actuaciones ultraconservadoras del PAN, el PRD era la única alternativa que podía representar los intereses del país.

Pero no lo es.

Este partido se ha convertido en un escenario de lucha entre grupos que repiten los peores vicios de corrupción por los que el país acabó echando del gobierno a los priistas: venden puestos de trabajo, otorgan licitaciones a dedo, se autoimponen sueldos y canonjías millonarias, etc.

En la Ciudad de México no han sido capaces de reducir la inseguridad, de solucionar el grave problema medioambiental, de desterrar la corrupción cotidiana (mordidas a policías, propinas a funcionarios, etc.), en crear un ambiente propenso para la creación de fuentes de empleo y riqueza, etc.

Ya no se diga en Michoacán, donde se ha vivido una lucha atroz entre bandos de narcotraficantes.

Su actitud frentista y cerrada si bien ha evitado algunos excesos de los gobiernos priistas y panistas, tampoco ha contribuido a encontrar fórmulas para las reformas que el país necesita en el ámbito laboral, de justicia y en el sector energético, por mencionar algunos.

Comparto el rechazo a la privatización total de Pemex y la CFE, pero creo que debería abrirse el mercado de la generación de energía a fuentes alternativas como la solar y eólica.

Creo que el TLC ha traído cosas buenas al país, pero también ha abierto aún más la brecha entre ricos y pobres. Además, se ha generado una dependencia tan fuerte en el sector alimentario y la transferencia tecnológica en el industrial ha sido tan limitada, que las perspectivas a medio plazo no resultan nada halagüeñas teniendo en cuenta el declive de los EEUU.

Es justo en estos aspectos en los que el PRD ha fallado estrepitosamente al no ser capaz de proponer alternativas reales, más allá de programas populistas que han conducido a un endeudamiento enorme, en un ejercicio de la política que recuerda al priismo de los ochentas, el de la década perdida.

Y es que el PRD ha sido tomado por varias camarillas que lo están destrozando por dentro.

No sólo es López Obrador quien irresponsablemente quiere hacer descarrilar -afortunadamente sin éxito- al gobierno de Calderón, sino otros grupos que tampoco ofrecen alternativas reales que busquen fortalecer las instituciones (tomando la tribuna de la Cámara de Diputados es contrario a esta idea), que fomenten una mejor reparto de la riqueza y que generen una certidumbre jurídica que promueva el desarrollo y dé confianza a los mexicanos en el ámbito de la justicia, la libertad y la seguridad.

Urge la creación de un partido político socialdemócrata y creo que el ejemplo del PSOE, con todo y sus defectos y excesos, podría servir de inspiración, gracias a sus políticas de más derechos, más libertad y un papel del estado más eficaz -sin caer en un intervencionismo que ahuyente a los inversores-.

La peor parte de la desintegración es que no habrá un contrapeso ante algunas reformas que el PAN, en colusión con el PRI, están intentando sacar adelante.

En el poco debate que se ha dado sobre las reformas en el sector energético, no se ha mencionado apenas una apuesta por la investigación propia para encontrar alternativas a la creciente demanda de energía que se está viviendo en el país.

Brasil es uno de los impulsores a nivel mundial del biodiesel como combustible.

España es líder mundial en lo que se refiere a la energía eólica y solar.

La situación de México no es necesariamente peor -en el ámbito académico, de recursos- que la de estos dos países, pero la legislación actual hace que este tipo de iniciativas sean inviables.

Pero el actual PRD apenas se hace eco de estas posibilidades. Su cerrazón total imposibilita que haya avances en estos aspectos y su desmembramiento dará vía libre para, no sólo privatizar la estretégica industria energética mexicana, sino para entregársela en bandeja a empresas extranjeras que se llevarán todos los recursos y el dinero fuera del país.

Esto puede sonar demagógico, pero tan sólo hay que recordar que en la venta de Banamex el Citibank no pagó ni un centavo en impuestos. ¡Se trató de una de las mayores compras realizado por una entidad extranjera en México y no generó ningún impuesto! Fue una compra legal, pero fue moralmente reprobable.

En este tipo de discusiones hace falta un grupo político moderno, que muestre firmeza en algunos aspectos, pero que se ajuste a la realidad de un mundo globalizado, con problemas y oportunidades igualmente globales.

Y este grupo político moderno no ha sido, no es y ya no podrá ser el Partido de la Revolución Democrática.

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