Los sueños

Cuando pasas de los -tes (veintes) a los -tas (treintas, cuarentas…) comienzas a pensar en aquello que has conseguido hasta el momento.

Es un momento duro para algunos, ya que valoran que ha sido poco lo que han conseguido o, peor, sienten que sus logros y avances no han colmado las expectativas que tenían en mente.

Porque todos tenemos sueños.

Sueños sobre lo que queremos ser, sobre lo que deseamos tener, lugares que visitar, cosas que hacer, experiencias que vivir…

Al llegar los -tas hay se hace un inventario, un “recuento de los daños”… Y llegan las conclusiones, las valoraciones, los juicios…

En algunos casos, la sensación que deja el avance del tiempo empuja a la gente a una depresión. Son varios los que piensan que su paso por el mundo ha sido infructuoso, incompleto, mediocre o completamente irrelevante.

Depende de ellos y, en algún grado de su entorno, que este sentimiento negativo no se apodere por completo de la persona y pueda ver con cierto orgullo lo que ha conseguido. Porque no es verdad que ninguna vida haya aportada nada al mundo.

Pero reconocer esto puede ser una tarea difícil y está en cada uno aceptar sus aciertos en su justa medida. Hay tanta, pero tanta gente estupenda, que sólo consigue sabotearse a sí misma por un montón de razones que, desde fuera, parecen inexplicables.

Por otro lado, hay un grupo de personas que tienen la fortuna de ser conscientes de sí mismas y de su entorno.  A nivel individual son capaces de ver con cierta distancia, equilibrio y objetividad las bondades de su paso por el mundo y de ser magnánimos consigo mismos para perdonar sus fallos.

Y más, porque son capaces de apoyar a otros en la tarea de conseguir sus sueños.

En ocasiones, lo que para uno pueden ser pequeños esfuerzos para otros son conquistas enormes.

Este año que acaba comprobé que había dado un par de vueltas a mis sueños de niño.  Nunca he deseado dinero, sino experiencia.  Creo en el trabajo, pero también en la diversión.  Pensaba visitar algunos sitios, pero no repetir tanto que hasta se me hicieran familiares.

No me engaño y sé que aún hay mucha cosas que alcanzar, pero mi recuento me da un saldo muy positivo.   Tan es así que me he dado a la tarea de volver a soñar y tener nuevos (y más difíciles) objetivos que cumplir.

Es verdad que he amado y he sido amado.  Dos veces por lo menos… y eso es algo por lo que tengo que estar agradecido, aunque al final esas relaciones terminaron en medio de mucho dolor.  Nadie dijo que las cosas fueran fáciles.😉

Creo que lo que tengo que hacer es ayudar a otros a alcanzar sus sueños y seguro que en el camino también voy cumpliendo los míos.

Las entradas para un concierto, un préstamo urgente, un viaje a un sitio interesante (aunque no sería normalmente uno de mis destinos),  una visita sorpresa…

Este año que termina me ha traido cosas buenas y me ha dado la oportunidad de repartirlas de alguna manera.

Ahora puedo quedarme tranquilo y dirigirme a cerrar un ciclo que, sin haberlo planificado en profundidad, va abriéndose paso ante mis ojos.

¡Felices fiestas!

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