Ser feliz

Una de las cosas que más me llamó la atención cuando llegué a mi segundo país es la cultura de la queja de los españoles.

Incluso me pareció que se inventaban problemas donde realmente no los había.

Sobre esto he escrito antes: 1 y 2

Alguna vez pensé que esto se me terminaría pegando, como tantas cosas buenas y menos buenas de la forma de vida española.

Pues no… Por fortuna, no me he sentido especialmente aquejado por esta predisposición a estar siempre incómodo, molesto permanentemente, incomforme (negativamente) e irritable…

Al contrario, me considero una persona feliz y a veces me descubro muy feliz.

En este blog he descrito unos sentimientos menos positivos, pero sé que la soledad, la confusión, la incertidumbre también pueden convertirse en combustible para muchas cosas. Creo que en soledad he alcanzado un montón de sueños, creo que en medio de la confusión he tomado algunas de mis mejores decisiones y que en la más profunda incertidumbre he visto distintos caminos que quizás no habría encontrado si todo lo hubiera tenido claro.

En ocasiones he pensado en que el sentido de todo esto puede parecer vano y absurdo cuando no compartes estas cosas (buenas y malas) con la gente que quieres.

Ya, pero también he aprendido en que quizás siempre estás compartiendo cosas de alguna manera y que puede ser bueno para ti, aunque no sea en la intensidad y con el número de personas que desearías.

Esta reflexión surge porque ayer estuve con una amiga -también mexicana y española- que se ha prometido.

Estoy feliz por ella. Feliz de verdad.

A lo largo de nuestra amistad hemos compartido un montón de cosas y aunque en los últimos años nos habíamos distanciado a causa de las múltiples ocupaciones de ambos, al final hemos valorado las cosas que nos unen y de ahí esta felicidad.

Creo que cuando se es feliz por la felicidad de otro es un signo positivo de una persona. Significa que es posible dejar de mirarse el ombligo, aparcar el ego y potenciar la felicidad del otro.

La próxima boda de mi amiga también significa el fin de otro ciclo más en nuestras vidas y el comienzo de uno nuevo.

Fue la única que “sobrevivió” conmigo en España. De unas 80 personas que conocí en mis primeros años en España ella fue la única que se quedó y ahora comienza una vida distinta al lado de una persona que ama… cuando llegó a pensar que no lo encontraría.

A mi alrededor hay más divorcios, separaciones y relaciones sin compromiso que bodas o relaciones consistentes. Por eso esta noticia, además de alegría, también da esperanza.

¡Felicidades, amiga!

Ser feliz comienza por mirar a tu alrededor y apreciar lo que tienes. Quejarte por aquello que no posees o que has perdido es una manera de aparcar la vida, de dejarla a un lado y desperdiciar las oportunidades de sonreír, soltar una carcajada, bailar… en fin, de dar alegría a los demás y alcanzar a través de esta actitud una plenitud serena que yo traduciría en felicidad.

Hoy aprovecho esta felicidad para escribir este post.

Mañana puedo cambiar de opinión, pero por lo menos hoy no me quitaré esta sonrisa del rostro.

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