La próxima crisis

Si hay algo que me llamó la atención de los españoles desde que llegué al país fue la poca capacidad para el sacrificio y el sufrimiento de las actuales generaciones. Tengo una hipótesis que intenta explicar esto.

Durante el siglo pasado España fue un país que sufrió mucho, muchísimo. Sufrió una guerra civil en la que la vecinos e incluso familiares se mataban encarnizadamente entre sí. Como en todas las guerras, la población civil pasó hambre, miedo y se dio uno de los mayores éxodos humanos desde tierras europeas de la historia moderna.

A continuación de este enfrentamiento se impuso una dictadura que duró más de tres décadas. El régimen franquista tuvo un corte represivo no sólo en lo político, sino en lo social, convirtiendo a España en un país ensimismado y encerrado en sí mismo.

Una vez terminada la dictadura, el país vive una apertura y un desarrollo frenéticos con la incorporación a la Unión Europea. Paralelamente, se da una explosión en lo cultural, teniendo la movida madrileña como muestra más palpable; en lo social, con la aprobación del divorcio como punto de inflexión, y en lo político, con la legalización del partido comunista y el triunfo del PSOE en las elecciones de 1982.

Las generaciones que nacieron en el ocaso de la dictadura y, especialmente, en una España en libertad, fueron criadas por personas que tuvieron una vida dura en la que se tuvieron que privar de un montón de cosas (materiales y morales) y no han querido que a sus descendientes les pase lo mismo.

Desde mi punto de vista, esto ha originado una especie de “sobreproteccionismo” que ha dado origen a una generación que disfruta de un país estupendo y envidiable en montones de aspectos.

Esta generación se ha acostumbrado a las buenas noticias y soportan mal las que los medios tiñen con su tono amarillo de sensacionalismo… y las que le golpean realmente.

Porque hay de crisis a crisis y como mexicano tengo experiencia en el tema.

Durante los ochentas, la famosa década perdida para Latinoamérica, en México se reetiquetaban los precios de manera cotidiana, algunas veces dos veces por día. La inflación anual oficial llegó a superar alguna vez el 1000 por ciento (¡sí, con tres ceros!).

En los noventas, recuerdo el famoso error de Diciembre en el que el gobierno de Zedillo tomó una pésima decisión que hizo que el peso se derrumbara y los precios se doblaran de un día a otro. Literalmente.

Recuerdo que durante esos días aciagos para el país yo estaba de vacaciones, en la costa oaxaqueña para ser exactos. Durante una semana no compré el periódico, ni escuché la radio o vi la televisión. En el momento de regresar al DF, todo había subido un 100%: el transporte, la comida…

El “error de diciembre” me encontró en pelotas, literalmente, porque estaba en una playa nudista😉

Chistes aparte… Me parece que la visión catastrofista que están intentando trasmitir los medios de comunicación sobre la próxima crisis económica que se avecina en España (y en el mundo, por lo que parece), es exagerada.

Aunque en lo particular me preocupa esta crisis, creo que las cosas no serán tan graves como las hemos pasado en México o en otras partes de Latinoamérica.

No minimizo el sufrimiento de los españoles por no llegar a fin de mes por el encarecimiento de las hipotecas, por el encarecimiento de los alimentos, por el precio excesivo de la gasolina. Y no lo hago porque a mí también me afecta directamente.

Pero aún así me parece que esta crisis también ofrece una oportunidad: la reestructuración de la economía española para que deje de estar basada en la construcción (el ladrillo, siempre el dichoso ladrillo) y apueste más por el sector servicios y la industria.

A nivel de las familias, esta crisis puede ayudar a revisar la estructura del gasto.

Pero que la gente ya no se vaya un mes entero de vacaciones, que no pueda tener una segunda residencia en la playa o que ya no puedan acceder a algunos lujos no es algo tan dramático como lo pintan algunos medios.

Es sólo que se trata de un cambio de ciclo y que habrá que ajustarse el cinturón durante un tiempo. Las preocupaciones, aunque respetables, personalmente me parecen exacerbadas y más una reacción natural de alguien que se había acostumbrado a sólo recibir buenas noticias.

Para finalizar, hay otra oportunidad que se abre en esta coyuntura de “crisis”.

No sólo se trata de volver a la cordura en un mercado inmobiliario completamente desquiciado, sino de exigir una equiparación con el resto de Europa en los ingresos de los españoles.

El precio de los pisos quizás hubiera sido mejor soportado si los salarios hubieran subido en una proporción parecida, pero a comparación de lo que ganan ingleses, franceses o alemanes, la nómina de los españoles (y de los que vivimos aquí ya como nacionales o como inmigrantes) es comparativamente irrisoria.

Ahí hay una causa. ¿Alguien habla sobre ello? ¿Dónde están los sindicatos? ¿Veremos que este tema entre en la agenda política durante estas elecciones?

Espero que así sea.

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