Si tuviera que decir sí a tantas cosas
sé que mi vida sería muy otra
quizás tendría tres ojos y seis dedos por mano
o escondería una noche clara para beberla de vez en cuando.
Si tuviera que decír sí, afirmar,
vería crecer la fruta en los mercados
contaría por millones mi salario
y estaría más pendiente de la fiebre de otras frentes.
Si tuviera que asentir, mover la cabeza,
estaría más cerca del suelo
comería en mesas redondas
y el final del día lo marcarían otros relojes.
Por suerte, no tengo que decir que sí a todo,
también puedo decir no.
Nonononononono….
Y decidir,
en la mayoría de los casos,
a donde van y hacia dónde se dirigen
mis huesos.