Se acercan unas votaciones importantes para España y Europa.
Se trata de las elecciones para definir a los diputados que representarán a cada país en el parlamento europeo.
Me parece increíble que, con todo lo conseguido por la Unión Europea, entre los ciudadanos europeos cunda la indiferencia ante esta cita electoral.
En México se ve a Europa como un continente de cultura, avances sociales e innovación.
En realidad, Europa es esto y mucho más, aunque existan también brotes de racismo, retroceso en las conquistas sociales y resistencia al cambio.
Yo voy a votar en España por Europa.
Creo que hay opciones que representan mejor o peor mi punto de vista, pero no votar se me hace un desaire a la democracia y a la oportunidad de contruir la historia de un continente y de un país en el que he vivido buena parte de mi vida.
(Será interesante ver cuál es el papel de los inmigrantes en estas votaciones. Quizás marque tendencia de lo que serán futuras votaciones – ya veremos)
No se puede explicar de otra manera el terrible asesinato de toda una familia que han perpretado unos narcotraficantes, unos hijos de puta, unos tipos que no merecen ser considerados seres humanos.
Porque justamente tras esos cruentos asesinatos de niños y mujeres indefensas está la estrategia del terror, de demostrar a todos los que se enfrenten a ellos, de una manera legal (los policías) o ilegal (otros narcos) que no les tiembla el pulso para matar.
Asesinatos indiscriminados de este tipo son los que hacen que los mexicanos crean cada vez menos en su país, en la supuesta protección que las autoridades pueden ofrecerle, en los límites que no sé si morales o humanos que debería de haber en esta guerra abierta que ha causado ya tantos miles de muertos.
Amo mi país, pero vivo de sobresalto en sobresalto cuando me entero de este tipo de cosas, que, por desgracia, son recurrentes en México.
Las narcomantas son también parte de la estrategia terrorista de los narcos.
A la vista de todo el mundo, la colocación de burdas consignas genera miedo y una sensación de inseguridad a más de uno.
Cortar cabezas es otra pieza de la estrategia terrorista, porque demuestra que no se respeta la integridad de las personas, ni aún después de muerta.
Es un trato indigno para cualquier ser humano, aún para los hijos de puta de los narcotraficantes.
¿Qué hacer contra esto?
En España se ha combatido a ETA, una organización terrorista que también ha cometido atrocidades supuestamente amparándose en objetivos políticos, con la ley.
Sin embargo, en México, donde impera la ley de la selva o, dicho de otro modo, se trata de un país donde no impera la ley en plenitud, esta posibilidad está descartada.
La sociedad se encuentra en medio de esta bárbara guerra y ya van varias veces que sus miembros más débiles han sido arrasados por el conflicto.
Quizás, como dicen algunos, lo único que queda es esperar a que la propia guerra acabe diezmando las filas de todas las partes en conflicto y que, entonces, con un escenario lleno de sangre y destrucción como telón de fondo, un grupo menos corrupto de policías y miembros del ejército sea capaz de reducir a los narcos, recuperando poco a poco al país.
A veces me pregunto qué persona sería hoy si me hubiera quedado en México.
Ignoro si la vida de mis amigos de la universidad me sirve como referencia. Han sido muy pocos los que tienen como profesión lo que estudiamos. Sería injusto decir que ninguno ha despuntado, ya que el éxito es algo movedizo y subjetivo. Sin embargo, no podría decir que alguno es alguien conocido en nuestro sector.
Algunos han formado familias hermosas, otros siguen solteros e incluso hay quienes van por el segundo o hasta el tercer matrimonio.
Yo no sé si ahora estaría casado, divorciado, con hijos, luchando por salir adelante en el sector o en cualquier trabajo.
Lo que sé es lo que yo he hecho: mis errores, mis aciertos; lo que he sufrido, lo que he disfrutado; lo que aún me falta por hacer…
Algunas veces me siento orgulloso y otras veces frustrado.
Creo que tengo una visión de futuro, pero a veces dudo de que sea la correcta.
Porque cuando crees que más claras están las cosas suceden cosas que desbarajustan todo.
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Me temo que este blog se está volviendo repetitivo en estos temas del ser o no ser.
Al final parece que todo va a quedar en un catarrito.
La gran pandemia mexicana que, como la española, iba a matar a millones de personas en todo el mundo -por fortuna- parece que no pasará de una cepa nueva de la gripe común.
Como mexicano tengo sentimientos encontrados.
Por un lado, creo que el país ha hecho un esfuerzo monumental para evitar la propagación del virus.
La gente pasó del miedo a relajarse y bromear con la situación como ya he comentado en el anterior post.
Por otro, los políticos mexicanos han tomado decisiones que exceden los poderes que les asignaron los ciudadanos cuando los votaron.
Por ejemplo, entrar a restaurantes y otros lugares de reunión para obligar a la gente a desalojarlos se me hace una conculcación de los derechos de las personas.
Asimismo, se daba la posibilidad de que el gobierno entrara a casas sin mandato judicial si se creía que era en bien de la seguridad nacional. Una medida totalmente fascista.
Luego, se dieron las reacciones exageradas de países como Argentina, Cuba, China, entre otros, cerrando su tráfico aéreo a los aviones procedentes de México o, peor, poniendo en cuarentena a todo un avión.
Esto es lo que más me fastidia.
Yo plantearía un boicot contra los productos chinos, argentinos y cubanos en México por el trato que nos dieron.
Si no nos quieren en sus países, no queremos su productos, tampoco comeremos en sus restaurantes ni haremos turismo en sus ciudades.
Que no se entienda esto como una reacción “ardida”, como diríamos en México, sino como una muestra de que toda acción conlleva una reacción y que los mexicanos también podemos tomar decisiones unilaterales cuando nos plazca.
Especialmente tristes fueron las posiciones de Argentina y Cuba, cuyos ciudadanos han sido recibidos en México por miles durante años huyendo de sus dictaduras.
Si les hubiéramos cerrado nuestras fronteras muchos habrían muerto o habrían caído presos en sus países por sus respectivas dictaduras. Esto hay que recordarlo y repetirlo cuantas veces haga falta, porque es algo real y muy fuerte es ahora recibir este trato de su parte.
Si soy mexicano y tengo influenza, sigo siendo una persona con derechos y a la que deben guardarme respeto.
Mal por nuestras autoridades (por sus excesos); mal por los países que nos cerraron sus puertas; mal por la OMS por su pésimo trabajo que sólo causó una alarma desmedida.
Bien por los mexicanos, bien por su civismo, bien por su sacrificio, bien por su humor.
No se habla de otra cosa en los telediarios, en las tertulias de radio; llena páginas de periódicos y revistas.
La incertidumbre inunda las calles y el miedo comienza a apoderarse de la gente.
La influenza mexicana (porcina, nueva o como quieran llamarla) está en boca de todos en México, España y en el mundo entero.
Para los mexicanos que estamos fuera del país, aunque algunos podrían pensar que es algo bueno por estar lejos del foco del problema, en realidad la lejanía puede hacernos sufrir mucho.
Y es que es evidente que lo que vemos en los medios de comunicación sobre la influenza es una versión limitada de lo que en realidad está sucediendo en el país.
Por limitado me refiero a que puede ser peor o mejor de lo que se dice por ahí.
Peor, porque esté limitándose la información por desconocimiento (no sólo del gobierno mexicano sino de la propia OMS) o para evitar que la población entre en pánico.
Mejor, porque se puede estar poniendo en lo peor cuando en realidad la situación no es tan grave.
Sabiendo esto, no resulta extraño que uno se preocupe y crucen por su cabeza cientos de pensamientos. Ideas como que llegue el momento en que a uno le gustaría volver y que no pueda hacerlo por las limitaciones de los gobiernos.
Sería terrible que esto llegara a suceder y no se pudiera ver más a sus familiares. Tengo amigos que tenían pensado ir a México en estos días y tuvieron que cancelar sus viajes por la situación.
Eso en lo que respecta al aspecto humano de los mexicanos que estamos fuera de nuestro país.
A los que están en México, a la crisis económica ahora se le suma esta situación que hará más difícil la recuperación del país, ya que está afectando la actividad económica ahora y la seguirá impactando en el futuro, como en el sector turístico.
Algunas veces llego a preguntarme qué será mejor, si estar aquí -con mis propios problemas- o en México -con las broncas de allá-.
Al estar mi familia en México, la respuesta es clara: estaría mejor con ellos.
Sin embargo, en estos momentos es cuando más debemos de guardar la calma y seguir trabajando.
Ahora mismo estoy haciendo un esfuerzo por continuar mis inversiones en México y mantenerme a flote en España. No está ni seguirá siendo fácil, pero, salvo que quiera dejar todo atrás (algo sin sentido práctico) es la única alternativa que queda.
Hombre, habría otras, pero ninguna se me hace que tenga sentido ahora… aunque si la cosa sigue empeorando, ¿quién sabe?
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Una nota de color que, todo hay que decirlo, es tan común entre los mexicanos, como es el hecho de reírse en las peores situaciones: Se vende un muñeco de peluche de nombre Achufy! como recuerdo de la pandemia de la esta nueva gripe.