El sexo es un aspecto fundamental en la vida de las personas, pero del que no se habla demasiado y menos de forma pública.
A mí me gusta el sexo. Mucho.
Por eso me sorprenden algunos comentarios de las amantes que he tenido.
El sexo es un aspecto fundamental en la vida de las personas, pero del que no se habla demasiado y menos de forma pública.
A mí me gusta el sexo. Mucho.
Por eso me sorprenden algunos comentarios de las amantes que he tenido.
Hay periodos en que la vida coge una velocidad increíble y la sensación de que todo se nos va de las manos es inevitable.
Al acumularse cosas, es evidente que llega un momento en que nos invade una sensación de que no llegamos a todo. Vemos que las cosas no están quedando como a uno le gustan, que la gente que nos rodea comienza a resentirlo y se llega a generar tensión que puede desembocar en conflictos en el trabajo, con la pareja, con la familia…
Pero estas etapas son como la marea… suben y bajan. Podemos sentirnos ahogados, pero, en algún momento, la marea baja y debemos aprovechar estos momentos de tranquilidad.
Porque si no aprendemos a detectar estos periodos no seremos capaces de ver un montón de cosas maravillosas que nos rodean: la ciudad en la que vivimos, los amigos de tiempo, gente nueva a la que conocemos, nuestros compañeros de trabajo, nuestra familia, nuestro propio cuerpo…
Quien piense que la vida es una continua fiesta puede tener suerte o ser un necio.
Lo normal es que haya periodos oscuros en los que todas las puertas se cierran y otros llenos de luz en los que la felicidad es como algo común que apenas apreciamos.
Creo que se trata de saber que habrá cosas que seguirán como están o empeorarán… o que irán a mejor. Aquí hay que tener una actitud distinta para aceptar unas, luchar contra las segundas y disfrutar las terceras.
No es fácil no sentir rencor o guardar un resentimiento cuando nos fastidia la rutina o nos aplasta el infortunio. Pero es posible y sin estos sentimientos negativos llegaremos más lejos, porque iremos más livianos y podremos elevarnos para ver más allá.
Tranquilidad para ser capaces de disfrutar las cosas.
Las crisis sacan lo mejor y lo peor del ser humano.
El nerviosismo está a flor de piel debido a la posibilidad de quedarse sin trabajo, a las extenuantes jornadas que tenemos que hacer para conservar nuestro empleo, al ambiente que los medios de comunicación se encargan en magnificar…
Entonces ocurre.
Ocurre que la gente a tu alrededor comienza efectivamente a quedarse en el paro, que las relaciones en el trabajo se hacen más tensas debido al cansancio físico y mental acumulado por las horas y horas que tenemos que pasar en la oficina o donde sea que laboremos, y que lo que dicen los medios se queda corto con respecto a la realidad.
Pero hay realidades que no alcanzan a ocupar espacio en los periódicos, en las televisiones ni en la radio y que son igual o más preocupantes, porque cuando lo hacen es casi siempre de manera escandalosa y preocupante; cuando ya es muy tarde.
Es el caso de los sentimientos racistas que se viven en contra de los inmigrantes y también de los propios inmigrantes en contra de los españoles en situación de precariedad.
De una forma imbécil, los inmigrantes que prestan apoyo a la gente en situación de pobreza, hace distingos entre otros inmigrantes y españoles, cuando todos necesitan y no desmerecen ayuda por ser de una u otra nacionalidad. Por ejemplo, cuando se hacen repartos de comida en algunos sitios donde confluyen indigentes, los inmigrantes sólo dan alimentos a otros inmigrantes.
Cuando los españoles preguntan por qué a ellos no se les incluye en el reparto, algunos inmigrantes llegan a decir estúpidamente: “Antes los españoles nos jodieron a nosotros, ahora se aguantan”… o algo así.
No puedo entender ni justificar de ninguna manera este tipo de comportamientos. Es más, se me hace una actitud que merece ser repudiada sin paliativos.
Yo he sufrido en carne propia el desprecio, a veces sutil otras abiertamente, de algunos españoles, pero no por eso voy a despreciar a nadie ni negaría la ayuda a alguien que me la pida, independientemente de su nacionalidad, color de piel, orientación sexual, ni ninguna otra consideración.
Las crisis son momentos en que deberíamos ayudarnos unos a otros. Yo estoy intentando hacerlo con mis amigos, aunque me gustaría hacerlo con más gente.
Espero que las cosas pronto mejoren y que este tipo de episodios sólo queden como desagradables anécdotas que puedan ser superadas por la generosidad, el respeto al otro y una amplitud de miras que reconozca la necesidad de la integración como único camino hacia una sociedad mejor.
A veces me sorprendo cuando alguna gente me dice que soy especial.
No sé si me quieren decir que soy un poco tarado o, al revés, que soy más bien listo.
Yo digo que lo que he hecho a lo largo de mi vida lo puede hacer cualquier persona. Me replican que no, que serán pocos los que podrían lograr lo que yo.
Lo único que sí puedo decir a mi favor es que tengo mucho aguante… persistencia para que suene más bonito.
Me podría imaginar a muchas personas a las que quiero aguantando, aguantando y aguantando, pero entonces, ¿por qué muchas tienen vidas tan diferentes?
Hay quienes querrían vivir fuera de México, pero siempre encontraron motivos para no lanzarse a la aventura. Otros que habrían querido aplazar sus compromisos para probar un poco más de la vida, pero de repente se encontraron casad@s, con hijos y con un horizonte vital limitado. También los que aún ahora siguen sin encontrar su rumbo y van dando tumbos sin ton ni son hacia ningún lado.
No sé si es que yo soy menos frágil de lo que pienso.
Porque la vida es fragilidad, no hay que engañarse.
Un día te levantas, haces el plan para tu día y no sabes cómo en un momento has tenido un accidente que te ha dejado paralítico. O bien puedes volver a tu casa después de hacer unos mandado y encuentras con que alguien ha entrado y sin más te sorraja un tiro que acaba con tu vida. También puedes encontrar con que tu ordenada existencia se trastoca porque te has quedado sin trabajo y tienes que hacer frente a tus gastos y a los de tu familia.
Fragilidad de la vida misma y fragilidad de la persona.
No se puede huir de una, aunque sí intentar sobreponerse de la otra.
Creo que hay que vivir al máximo, siempre, todos los días.
Somos frágiles y el tiempo de vida es el mayor regalo que nos ha sido dado.