Archivo de Febrero 2009

El carácter

Febrero 28, 2009

Admiro a la gente que es capaz de conseguir las cosas con una sonrisa en los labios.

Son personas que consiguen cautivar a quienes las rodean por su carisma, su simpatía natural o su inteligencia.

Por desgracia, yo no detecto en mí ninguna de estas tres características.

Tampoco es que sea un gruñón y un tonto, pero la verdad es que no soy perita en dulce… ni tampoco es que muera por serlo.  Ya lo he dicho por activa y por pasiva que prefiero estar solo a mal acompañado y esa es una muestra de mi carácter.

De eso quería reflexionar esta semana: del carácter.

Hay gente que me rodea que -desde mi perspectiva- ha conseguido cosas valiosas con sus vidas, pero son personas que no les dan a sus logros la importancia que tienen.

Son personas inteligentes, pero que, por una u otra razón, son incapaces de ver con objetividad lo bueno de sus vidas y entran en una especie de depresión que los paraliza y los lleva a pensar cosas extrañas.

Los seres humanos somos muy particulares y lo que para unos es admirable para otros es detestable.

Creo que se trata de una cuestión de carácter.

No me considero una persona con un carácter fuerte, aunque no tengo ningún problema en hablar fuerte con quien sea cuando veo que una cosa no está bien.

Me molesta que la gente no sea formal o haga las cosas mal, cuando es más fácil hacerlas bien desde el principio. Lo peor es cuando se trata de personas en quienes dependes, sobre todo por cuestiones de trabajo.

Pero también sé que yo me porto siempre bien y no tengo ningún problema en pedir perdón (y lo hago de corazón).

El carácter se puede entender como saltar ante cualquier situación o poder sobreponerte a las cosas que te agobian.

Yo me inclino por lo segundo con un poco de lo primero.

Hay que ser lo suficientemente inteligente para saltar cuando sea necesario (ni una vez más ni una vez menos), pero también saber cuando hay cosas que debemos superar porque son hechos consumados que están más allá de nuestras capacidades (físicas, económicas, personales…).

Creo que salir de tu país te genera un carácter distinto, más fuerte, pero también más flexible.

Te ves a ti mismo en una situación de cierta indefensión y muchas veces no puedes sostenerte de nada ni de nadie, así que tienes que sacar la casta (o el carácter), tragar saliva, respirar hondo y tirar para adelante.

No hay mejor psicólogo que uno mismo.

Hay que buscar dentro de uno para encontrar la fuerza para seguir adelante en los momentos de mayor indecisión, tristeza o indefensión.

Puedes ser un jugador de equipo, tener una familia que te apoya o dinero para salir del bache, pero a veces ni siquiera así se es capaz de escapar de la depresión.

Creo que es cuestión de carácter.

México en los medios españoles

Febrero 22, 2009

Hojeando los periódicos españoles se me pone la carne de gallina, más cuando dedican un espacio para hablar de lo mal que están las cosas en México a causa de la guerra contra el narcotráfico.

No intento negar el terrorífico drama que se vive día a día en varios puntos del país.

Una vez intenté hacerlo al decir que México tiene una extensión muy grande y lo que sucede en unas zonas del país no necesariamente afecta al resto.

Me equivocaba.

Lo que sucede en cualquier rincón del país nos afecta a todos los mexicanos, sin excepción.

La manera de ver sólo por los intereses propios, dejando fuera los de nuestra sociedad, los del país entero, es el camino al desastre y me arrepiento de haber pensado esto y de haberlo defendido públicamente.

Ahora no creo que la sociedad mexicana sea insolidaria, autista, ni valemadrista.

Al revés, se trata de una sociedad que ha logrado transitar a la democracia de una manera pacífica a comparación de un montón de países que sufrieron cruentas guerras internas (España, sin ir más lejos) para alcanzar la libertad.

Pero también se trata de una sociedad pacífica que está sobrepasada por los acontecimientos.

Existe un mercado negro de armas, pero la necesidad de protección de la población no se ha transformado en un clamor a favor de  la legalización de su comercio.

Menos mal.  Más armas en la calle no significa un aumento de la seguridad, sino que son un detonante para el aumento de la violencia.

La verdad es que siento un desasosiego muy grande al ver que los medios españoles presentan a México como un país en donde rige la ley del narco.

No se me ocurren cosas para mejorar la percepción de México entre los españoles, porque la realidad está ahí, aunque también hay una realidad que no alcanza espacio en los medios: la de un país de gente trabajadoras, pacífica, que intenta acceder a la modernidad con una gran historia a sus espaldas.

Amo a mi país y por eso he invertido ahí, porque pretendo volver algún día a mi tierra.

Pero no por ahora estar lejos deja de ser mi problema.

Me gustaría hacer saber que México tiene empresas de nivel mundial, gente que las gestiona y las lleva a competir en las grandes ligas; intelectuales de primer nivel; zonas preciosas para vivir y que muchos españoles y gente de todo el mundo son felices cuando llegan por vacaciones o para quedarse.

Eso me gustaría…

El deseo

Febrero 21, 2009

Es curioso cómo el deseo puede cambiar a una persona.

Hay veces en que el deseo se convierte en el motor de nuestras vidas.

Cualquier lugar es bueno para hacer el amor, se experimentan cosas y, con suerte, se puede comparar y aprender.

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Ya lo pasado, ¿pasado?

Febrero 14, 2009

Es curioso cómo el pasado puede ser tan pertinaz y continúa apareciéndose en los rincones más insospechados.

A veces pienso que el pasado en realidad no pasa nunca del todo.  Siempre está en nosotros de una manera u otra.

Ya decía Alejandro González Iñárritu en la dedicatoria de una de sus películas: “También somos lo que perdemos”.

También lo dice Kanye West a su modo: ” Todo lo que no soy, me ha hecho lo que soy”.  En fin.

A veces pienso que el pasado tiene que gestionarse, más que olvidarse.  Así como cualquier cosa que pueda acumularse, las memorias del pasado pueden ayudarnos en varias maneras: en no volver a caer en los mismos problemas, en ver las cosas que hemos realizado, en encontrar razones válidas para las decisiones para nuestro futuro…

Se puede pensar que el pasado es un lastre y, cuando es así, hay que dejarlo ir, no aferrarse a él, para ir más ligeros.  Pero también hay un pasado amable que nos puede ayudar en el presente y en el futuro.  No necesariamente tiene que ser un pasado abrillantado por la nostalgia, sino uno que te ayude a ver las cosas del presente de una manera más equilibrada.

Yo acabo de deshacerme de una parte de mi pasado que se había quedado escondido durante años en algún rincón de la casa.  Ha sido una sorpresa no precisamente agradable.  Pero de ese pasado también hay cosas que me dan alegría, ganas de cantar y de bailar.

Porque el pasado no es de una pieza, sino un rompecabezas con las piezas desperdigadas en la cabeza, en el cuerpo, en el corazón, en lo que nos roda, en lo que somos.

¿Cómo dejar atrás el pasado si forma parte de nosotros mismos?

Las opciones y los resultados

Febrero 8, 2009

Hay una frase del escritor argentino Jorge Luis Borges que me marcó cuando la leí por primera vez: “Los hechos son nuestros signos”.

Para mí, más que lo que la gente dice, lo que me importa es lo que la gente hace y la manera en cómo lo hace.

Por mi profesión y por mi forma de ser, en España he conocido a más de 700 personas.  Eso es mucha gente.

Es obvio que no se ha tratado de relaciones profundas, pero en muchos casos he podido conversar con ellos y ellas y hacerme una percepción de todos.

Soy consciente de que muchas de esas percepciones son equivocadas y no se corresponden en absoluto con la realidad.   Es lo que tiene el ser humano: que se equivoca.

Por eso es que, si no te fijas con auténtico interés y detenimiento, las personas te pueden dar auténticas sorpresas.

Y aunque las decepciones puedan quitarte la fe en tal o cual persona, lo que en realidad tienes que pensar es hasta qué punto tú creaste una imagen de una persona y, como  no se correspondía con la realidad, fuiste tú quien se equivocó.

Esta es una lección que -duramente- he aprendido en los últimos meses.

Confiar en la gente puede ser una buena estrategia cuando puedes ayudarla a conseguir unos objetivos determinados.

Pero dar confianza gratuita de inicio puede ser un gran problema cuando no puedes acompañar a alguien por su camino y lo que necesitas es a alguien independiente, resolutivo y que sepa hacer las cosas.

En algunos casos, la confianza se gana y en otros hay que darla para que la gente se desarrolle.

Por eso, es muy importante fijarse en los hechos de las personas, porque éstos nos dirán más que lo que uno mismo pueda percibir o lo que la otra persona le pueda decir sobre sí misma.

Las decisiones siempre implican renuncias.  También se esperan resultados de lo que decidimos.

Pero los resultados de lo que decidimos es una mezcla de saber identificar las mejores opciones y para que ésto suceda hay que poner atención a los hechos, a lo que tenemos enfrente y podemos palpar.