Más allá de las diferencias dialécticas sobre la palabra “coger” que a tantos mexicanos (y Latinoamericanos) les causa risa en su primera experiencia española, mi (poca) experiencia es que los mexicanos y españoles pensamos en lo mismo aunque utilicemos la palabra “coger”, los primeros, y “follar”, los segundos.
Cogerse a una mexicana y follarse a una española es igual de placentero, físicamente hablando.
La verdad es que mi experiencia española ha sido agradable, pero no ha tenido nada que ver con las candentes españolas de las películas de Almodóvar o Aranda.
Más bien, me ha tocado enseñar y, aunque eso también está muy bien, la verdad es que no pude dar rienda al deseo por estar de “profesor”: Chúpamela así; tómala con la mano mientras te la metes a la boca; si no quieres tragarte mi semen, por favor, no dejes de tocarme mientras me estoy viniendo; dime si te gusta una cosa u otra para que siga así; abre bien las piernas y no la cierres aunque te estés corriendo; dime si quieres descansar después de tu orgasmo… ¿Un 69? ¿Te gusta que te tome por detrás?
Obviamente, la otra parte estaba encantada
Hablo siempre de una experiencia personal (y muy limitada), por lo que no voy a caer en el juego de “las españolas X o Y”. (Aunque ya lo he hecho antes, ya ven cómo es difícil mantener la coherencia discursiva en un blog, como en la vida misma).
Lo que sí puedo decir es que las españolas para follar, como se diría en México, “se hacen demasiadas bolas”.
Si dos personas se gustan, aprovechen el momento. Ya sea por deseo, por diversión o por desfogarse, adelante.
Eso es algo que veo clarísimo ahora. Es un buen consejo, háganme caso.
Pero las cosas también pueden “complicarse” cuando un elemento no previsto (0 deseado) aparece entre la pareja que coge/folla: el amor.
Recuerdo que con D nunca dije que nosotros hiciéramos el amor. Creo que fue porque en realidad no quería enamorarme de ella ni que D se enamorara de mí.
Tuvimos buen sexo, la admiro (sí, sigo admirándola), pero no había ese punto que me hiciera enamorarme de ella. Fue por eso que terminamos, aunque tuvimos una segunda ronda de sexo (y sólo sexo) una vez habiendo dejado claro que no había nada más.
En algún momento voy a tener que terminar otra relación que comenzó con besos, siguió con sexo y seguía transformándose. Será duro, porque otra vez la decisión de no seguir profundizando en la relación ha sido mía.
Es una buena chica , pero me parece que, aunque podría seguir disfrutando del sexo, ella está por otra cosa y no quiero herirla.
Es una chica tierna entre las sábanas (y fuera de ellas). Agradecida y linda. Es una lástima que se haya acabado.
Pero, por el bien de los dos, con ella no estoy para follar, ni para coger… menos para hacer el amor.