Todos tenemos inseguridades.
Cada persona las afronta de una u otra manera.
Hay quienes las niegan rotundamente. Otros que son dominadas por éstas. La mayoría convive de manera más o menos exitosa y que incluso puede sobreponerse a éstas completamente.
Yo hablo siempre del miedo a ser vencido por el miedo. Prefiero exponerme al máximo para vencer mis miedos, porque tengo la sensación de que si algún día me quedo con las ganas de algo, será el comienzo del declive.
Estar solo tiene la ventaja (y la desventaja) de que todas las decisiones sólo le afectan a uno.
En otras épocas, he tenido que relegar mi voluntad a favor de los deseos de otras personas o a lo que yo creía que éstas querían, que no es lo mismo.
En cualquier caso, me parece que no me he quedado con nada y que las pocas cosas que se han quedado en el tintero no se han perdido de manera definitiva.
Antes era bastante inseguro sobre mi aspecto y ahora hasta me doy cuenta que causo una impresión entre las chicas.
Antes me costaba hablar y me ponía nervioso estar frente a la gente. Eso ha pasado y ahora puedo perfectamente dirigirme a un público, incluso a uno numeroso.
Tengo otras inseguridades que más o menos enfrento con cierta fortuna o que, por lo menos, no me detienen para realizar mi actividad diaria o para alcanzar cosas más importantes.
Sobrellevar las inseguridades no es ningún acto heróico, sino simplemente la muestra más elocuente de la supervivencia.
Por lo mismo, hay que verlo sin dramatismo y sí como parte del aprendizaje implícito en la vida que nos ha tocado vivir.
