Todas las noches de “El Grito de la Independencia” son de celebración y jolgorio en nuestro México querido. La gente aprovecha para salir de vacaciones o simplemente para estar con la familia en esos días de asueto. Los mexicanos salen a la calle a pasar un buen rato y se entregan a la fiesta dejando atrás las preocupaciones del día a día.
Pero, en el marco de la guerra abierta contra el narcotráfico y entre los mismos narcotraficantes, no hay ni un día de tregua y esta jornada ha sido la escogida para asestar un golpe brutal a la tranquilidad de todos los mexicanos.
Esa misma noche, un grupo de cobardes asesinos hizo estallar varias granadas entre personas que estaban reunidas en la plaza de Morelia. Han muerto 8 personas y más de 100 han resultado heridas. Se trata de civiles, de ciudadanos que salieron a vivir una noche de fiesta y a quienes les arrebataron la vida salvajemente.
Aún hay mucha confusión y los rumores crecen día a día conforme las autoridades no son capaces de dar una respuesta sobre la autoría.
Todo apunta a que se trata de una acción de grupos de narcotraficantes que quieren presionar al gobierno para que afloje en las acciones que han emprendido contra ellos.
Por desgracia, esta hipótesis tiene sentido y es posible que este ataque no sea el último.
Las implicaciones de este tema son varias. No sólo es que los narcos hayan llevado a otro nivel su violencia (implicando a civiles inocentes), sino que están probando la capacidad del Estado. Porque, no nos engañemos, esta bárbara y execrable acción va en contra del poder del gobierno, tanto a nivel nacional, estatal y local.
La respuesta del gobierno ha sido sacar al ejército a la calle.
Se dice que para dar seguridad a la población y hay que creerlo, pero después del ejército, ¿qué?
En algunas zonas del país, el ejército no es bienvenido y su presencia puede dar origen a una reacción en formas muy diversas. ¿Paramilitares? ¿Guerrillas?
No es descabellado pensar que los propios narcos financien y armen a grupos para emprenderla contra las fuerzas de seguridad del gobierno, contra el mismo ejército.
Si eso sucede, se habrá dado un paso hacia la “colombianización” tan temida y la población civil será un objetivo en esta guerra que, en algunos países, lleva décadas persistiendo generando el caos, .
Se sabe que los narcotraficantes han contratado a guerrilleros o profesionales de la guerra de otros países para aprender estrategias de terror. De ahí los carteles que se han desplegado en distintas partes del país en los que se invita a la gente a unirse a las huestes del narco, a denunciar la guerra emprendida contra ellos y a amenazar a personas que luego resultan asesinadas.
El escenario que aquí se plantea es bastante apocalíptico, pero razonablemente posible.
Para evitarlo, debemos unirnos rechazando la violencia, apoyando al gobierno, pero exigiéndole el respeto absoluto a los derechos humanos, lo que incluye un respeto por la vida, incluso de aquellos que la quitan.
Combatir la violencia con violencia es la peor de las alternativas posibles.
Lo que hay que hacer es combatirla con el estado de derecho.
Se trata de un reto formidable para nuestras instituciones, pero sin el apoyo de nosotros, de todos, de la sociedad civil, no será posible que éste se supere y las consecuencias podrían ser terribles.
Si estás de acuerdo con esta idea: publica en tu blog, web o red social esta frase.
Contra la violencia de los narcotraficantes en México – A favor de la aplicación del estado de derecho
Se trataría de una cibermanifestación apartidista, pero claramente en contra de un mal que, repito, debe unirnos a todos.