Archivo de Septiembre 2008

Ya no me acuerdo de mí

Septiembre 27, 2008

Gracias a internet y, en concreto, a las redes sociales, nos encontramos con personas a quienes les habíamos perdido la pista después de años.

A mí me emociona saber que mis amigos de la primaria siguen vivos, que incluso son padres/madres y que comparten el gusto del reencuentro, aunque sea virtual.

Es extraño saber que hay gente que sigue en el mismo sitio desde que nació y otros que están en lugares lejanos y exóticos.

En una lista de comentarios, uno de mis amigos ha escrito algo muy nostálgico, pero a la vez muy bello.

Después de tanto tiempo, “Ya no me acuerdo de mí”.

Es evidente que pasamos tantas cosas que apenas recordamos una fracción de todo lo que nos ha pasado a lo largo de nuestra vida.  Confundimos lo soñado con lo realmente vivido.  Destacamos lo bueno y olvidamos lo malo.

Pero la frase tiene su aquel, porque supone que ahora mi amigo siente que es otra persona y que ya no se acuerda de quien fue ayer.

Yo sí recuerdo lo que viví en ese periodo tan brillante de mi vida, aunque no es nostalgia exactamente lo que embarga mi corazón, sino que veo que eso forma parte de mí.

No es que lo vea como algo presente, porque ya no lo es, sino como algo que me da una serie de elementos en mi vida actual.

Que a muchos de los amigos de esta época nos siga haciendo ilusión reencontrarnos o, incluso, mantener el contacto, indica que durante este tiempo se generaron lazos fuertes que, a pesar del tiempo y la distancia, siguen existiendo.

Me encantaría que este mismo tipo de amistades se generasen entre mis contactos españoles. No ha sido así, por desgracia.  Pero eso no quiere decir que no me encuentre a gusto en España y que las relaciones que he establecido a lo largo del tiempo no sean reales, simplemente son distintas.

Seguro que si ahora tuviera que volver a México me encontraría como incompleto y desorientado por lo que tendría que dejar tras de mí en España.

Yo me acuerdo de mí y, aunque quizás haya cosas que haya olvidado -las menos buenas- todas y cada una de las experiencias de mi vida me han hecho lo que soy… y también las cosas que no he sido, están presente en mí hoy

Todavía tengo tantas cosas pendientes, pero también sé que hay tantas cosas que ya he hecho…

Contra la violencia de los narcotraficantes en México – A favor de la aplicación del estado de derecho

Septiembre 20, 2008

Todas las noches de “El Grito de la Independencia” son de celebración y jolgorio en nuestro México querido. La gente aprovecha para salir de vacaciones o simplemente para estar con la familia en esos días de asueto. Los mexicanos salen a la calle a pasar un buen rato y se entregan a la fiesta dejando atrás las preocupaciones del día a día.

Pero, en el marco de la guerra abierta contra el narcotráfico y entre los mismos narcotraficantes, no hay ni un día de tregua y esta jornada ha sido la escogida para asestar un golpe brutal a la tranquilidad de todos los mexicanos.

Esa misma noche, un grupo de cobardes asesinos hizo estallar varias granadas entre personas que estaban reunidas en la plaza de Morelia. Han muerto 8 personas y más de 100 han resultado heridas. Se trata de civiles, de ciudadanos que salieron a vivir una noche de fiesta y a quienes les arrebataron la vida salvajemente.

Aún hay mucha confusión y los rumores crecen día a día conforme las autoridades no son capaces de dar una respuesta sobre la autoría.

Todo apunta a que se trata de una acción de grupos de narcotraficantes que quieren presionar al gobierno para que afloje en las acciones que han emprendido contra ellos.

Por desgracia, esta hipótesis tiene sentido y es posible que este ataque no sea el último.

Las implicaciones de este tema son varias. No sólo es que los narcos hayan llevado a otro nivel su violencia (implicando a civiles inocentes), sino que están probando la capacidad del Estado. Porque, no nos engañemos, esta bárbara y execrable acción va en contra del poder del gobierno, tanto a nivel nacional, estatal y local.

La respuesta del gobierno ha sido sacar al ejército a la calle.

Se dice que para dar seguridad a la población y hay que creerlo, pero después del ejército, ¿qué?

En algunas zonas del país, el ejército no es bienvenido y su presencia puede dar origen a una reacción en formas muy diversas. ¿Paramilitares? ¿Guerrillas?

No es descabellado pensar que los propios narcos financien y armen a grupos para emprenderla contra las fuerzas de seguridad del gobierno, contra el mismo ejército.

Si eso sucede, se habrá dado un paso hacia la “colombianización” tan temida y la población civil será un objetivo en esta guerra que, en algunos países, lleva décadas persistiendo generando el caos, .

Se sabe que los narcotraficantes han contratado a guerrilleros o profesionales de la guerra de otros países para aprender estrategias de terror. De ahí los carteles que se han desplegado en distintas partes del país en los que se invita a la gente a unirse a las huestes del narco, a denunciar la guerra emprendida contra ellos y a amenazar a personas que luego resultan asesinadas.

El escenario que aquí se plantea es bastante apocalíptico, pero razonablemente posible.

Para evitarlo, debemos unirnos rechazando la violencia, apoyando al gobierno, pero exigiéndole el respeto absoluto a los derechos humanos, lo que incluye un respeto por la vida, incluso de aquellos que la quitan.

Combatir la violencia con violencia es la peor de las alternativas posibles.

Lo que hay que hacer es combatirla con el estado de derecho.

Se trata de un reto formidable para nuestras instituciones, pero sin el apoyo de nosotros, de todos, de la sociedad civil, no será posible que éste se supere y las consecuencias podrían ser terribles.

Si estás de acuerdo con esta idea: publica en tu blog, web o red social esta frase.

Contra la violencia de los narcotraficantes en México – A favor de la aplicación del estado de derecho

Se trataría de una cibermanifestación apartidista, pero claramente en contra de un mal que, repito, debe unirnos a todos.

Pura vida

Septiembre 12, 2008

Hay periodos en los que ocurren un gran número de cosas.

Ya sea en lo profesional como en lo personal y hasta en lo familiar, todo parece que sucede en un periodo de tiempo muy breve.

Por ejemplo, personas que vuelven a tu vida, nuevas ventanas de oportunidad que se abren, ilusiones que llenan de luz tu corazón, nubarrones que nublan tu mirada…

Todo esto sucede porque a veces nos planteamos que la vida es un recurso que fluye constantemente y que sólo ocurren cosas en el presente.

Pero también el pasado irrumpe nuevamente y, aunque pueda parecer un alto en el camino (“una canita al aire”, como me dijo una amiga), puede ser algo que te impida avanzar hacia tu verdadero objetivo.

Es lo mismo con las cosas que no te impactan directamente, pero que puede que tengan un efecto colateral en el futuro.  Un problema familiar, por ejemplo.

Y en medio de tantos ires y venires, hay que tomar decisiones.

Hay que definir hacia dónde vamos a tirar, aunque algunas veces los caminos no siempre se presenten claros y no sean todo lo fáciles que uno quisiera.

Pero ahí está la vida.

No en el pasado y tampoco en el futuro.

La vida está ahí, en las decisiones del hoy.

Si bien nos podemos fijar en el pasado y atisbar el futuro, lo que de verdad cuenta sólo sucede en el presente.

Tengo que definir una iniciativa y me enfrento a una disyuntiva de alcance e implicaciones profundas. Me parece que sólo está en mí establecer las reglas del juego.  Pero no es tan fácil…

Si bien el pasado ya no está, su paso ha dejado una huella en nuestra memoria y en nuestro corazón, facilitando o dificultando la toma de decisiones.

Podemos ver al futuro como un sitio diáfano, pero también como un jardín en el que hemos visto crecer nuestras expectativas y nuestros sueños.

Lo peor es sentirse atrapado entre dos tiempos, entre dos mundos: uno que ya no es y otro que aún no ha sido.

Vivir es un arte, de verdad.

Un soplo de pura vida es arriesgarse, ser uno mismo… y sólo podemos saber quienes somos, descubrir nuestro verdadero yo, siguiendo nuestros instintos, dejándonos llevar a donde nosotros mismos nos hemos encaminado.

Pura vida.

La esperanza de saber tomar las mejores decisiones.

Puede ser una ilusión, pero como premisa está muy bien.

Secuestros en México

Septiembre 6, 2008

Llevo semanas siguiendo con preocupación las terribles noticias sobre los secuestros más recientes que han sacudido México e intentando entender algunas reacciones de la sociedad civil que ha salido a manifestarse.

Lo que no entiendo…

Yo no puedo estar a favor de la pena de muerte, bajo ninguna circunstancia.

No creo que sea la respuesta para ningún problema, incluso se ha demostrado que es inútil para combatir crímenes execrables como los secuestros.

Tampoco entiendo que en la manifestación de la semana pasada hayan habido pancartas a favor de Calderón y de Ebrard. Ellos, como responsables últimos de la gestión de los cuerpos de seguridad, son responsables de la situación que se vive en el país y en la ciudad de México, respectivamente.

Más Ebrard, quien lleva años con la responsabilidad de la seguridad de los capitalinos.

No lo entiendo y no lo comparto. Creo que el atinado lema “Si no pueden, renuncien”, que expresó el desafortunado padre de Fernando Martí, también debe alcanzarlos a ellos.

Tengo que confesar que me invaden sentimientos encontrados.

Por un lado, me alegra mucho ver a la sociedad civil manifestándose, porque esa es la única manera de mover las cosas para que haya alguna mejora en la seguridad de los mexicanos.

Me gustaría contribuir de alguna manera a que esto fuera posible, pero desde la distancia…

Por otro, estar en España me da una seguridad parcial. Sé que yo estoy más seguro que mi familia que está en el país. Quisiera tenerlos conmigo, pero no es fácil cambiar de escenario y menos en algunos periodos de la vida.

Por otro lado, estoy haciendo cosas para no desvincularme de mi primer país. De hecho, tengo el sueño guajiro de tantos inmigrantes: poder vivir largas temporadas en los dos países, para no echar de menos a ninguno.

Lo que sí entiendo…

Es esa necesidad de que los mexicanos tengamos seguridad en nuestras casas, en nuestras calles, en nuestros lugares de trabajo…

Mi infancia la viví feliz en la calle. Hasta altas horas de la noche jugábamos y jugábamos.

Ahora, en la colonia en la que viví, hay calles cerradas. Esa no es la infancia que yo quisiera para los habitantes del México de mañana.

Una patrulla hace rondas, más para demostrar su presencia a los vecinos que por eficacia policial.

Los secuestros express o las extorsiones telefónicas están a la orden del día.

Me encantaría que la sociedad mexicana no viviera de sobresalto en sobresalto y que se pudieran recuperar las calles, la tranquilidad en nuestras casas y la seguridad en el futuro.

México está dando pasos en este sentido, pero necesita acelerar para que ésto sea no un recuerdo de algunas personas, sino una realidad en el presente y para el futuro de millones de personas.

Nos lo merecemos.