Archivo de Agosto 2007

Sonríe, a pesar de ser español

Agosto 26, 2007

Un estudio publicado recientemente indica (confirma) que los españoles son pesimistas.

Se trata de un análisis realizado a 13.000 fotografías tomadas por ciudadanos europeos de 17 países. En el estudio se indica que los españoles temen que algo malo ocurra, incluso en los mejores momentos.

Desde que llegué a este país me parecía que los españoles tienen una forma de ser muy particular: tosca, dura, endogámica… Me costó adaptarme, pero desde hace tiempo me he hecho a esta manera de relacionarse.

No me parecía que fuesen pesimistas y se me hacía poco probable ante el gran avance económico y social que había vivido el país en los últimos años.

Pero cuando salgo de España, siempre que regreso a tierras ibéricas me parece que el español medio podría ser más alegre, más confiado y, por ende, más positivo ante lo que le ofrece la vida.

La gente de la que me rodeo es joven (24-35 años), que está siempre buscando salir y cuenta de manera entretenida y entusiasta sus vacaciones, salidas de fin de semana o cualquier actividad que realice con sus amigos.

Si fuera por esto, me quedaría con la idea de que los españoles son gente pujante, activa y con ganas de divertirse.

Pero incluso entre este grupo hay temas que sobresalen de manera recurrente: el imposible acceso a la vivienda, los bajos salarios, el temor al quedarse sin trabajo…

Lo que es innegable es que aún entre este grupo de jóvenes el trato entre ellos (no entre amigos, aclaro) es seco y distante. Fuera de los momentos de euforia colectiva (fiestas, celebraciones deportivas, etc.) no hay una vocación por abrir vías de contacto: rehuyen la mirada, apenas intercambian palabra y ya ni se diga que no sonríen entre sí.

No estoy diciendo que en México la situación sea una fiesta continua y que la gente sea confiada y abierta al 100 por 100. Pienso que los mexicanos tenemos un poco más de (sana) curiosidad por las otras personas, un poco más de tranquilidad para conocer a otros, pero sobre todo una disposición para dar la bienvenida a la gente y a ser más espontáneo en las relaciones.

Me parece que la generación actual de españoles sigue siendo resultado de las penurias que vivieron sus abuelos y padres de la guerra civil y la dictadura.

Siempre me imagino que haber pasado hambre, haber tenido que luchar entre vecinos y a veces entre familiares habrá hecho mella en varias generaciones y que eso persiste entre nuestros días.

Además, hay que añadirle la complicada realidad de nuestros días, en la que el peligro de un atentado, un coste de la vida rampante, una inexplicable oleada de muertes de mujeres a manos de sus parejas y un gran llegada de inmigrantes, plantean una serie de retos que las generaciones jóvenes de españoles tienen que hacer frente por sí solos, ya que otras generaciones no han pasado por esto.

Otra característica que sin duda marca el carácter español es la manera en que los medios de comunicación intentan reflejar la realidad.  La agenda mediática está dominada por el enfrentamiento político (real, pero exacerbado por los periodistas); por el morbo (imágenes de muertos o catástrofes, pedorros viviendo del cuento) o por todo lo malo que le depara el futuro a este país (problemas, problemas y más problemas, ¿cuándo soluciones?).

En fin, que quizás no he expresado con claridad todo lo que tengo en la cabeza sobre el pesimismo de los españoles.

Pero me parece que sí, que efectivamente les embarga este sentimiento y eso a pesar de haber protagonizado uno de los cambios más profundos, rápidos y espectaculares en el mundo occidental.

España es ejemplo de muchísimas cosas para innumerables países, pero en muchos casos me parece que los españoles se siguen sintiendo pesimistas frente a un futuro que puede ser incierto, pero que es mucho más prometedor que el de cientos de naciones.

Un país de campeones mundiales en varios deportes, con una democracia vigente (con fallos, pero ¿cuál es perfecta?) y de empresas competitivas globalmente puede tener un futuro brillante.

Por eso, si eres español, sonríe.

La familia

Agosto 18, 2007

La familia es un valor fundamental en el ser mexicano.

La familia nos da rumbo, nos embota; nos acoge, nos expulsa; nos da felicidad, nos hace infelices; la deseamos cuando no la tenemos con nosotros, las alucinamos cuando la tenemos cerca… podría seguir durante días escribiendo sobre esa dicotomía que nos provoca todo tipo de sentimientos.

Estoy hablando de lo que veo y, a veces, de lo que siento.

Tengo una familia maravillosa a la que veo muy poco y cuando estamos juntos nuestra comunicación es rala y dispersa. Es una pena, pero conforme pasa el tiempo esta situación, más que matizarse, se ahonda.

Mis hermanos no habituan escribirme ni llamarme por teléfono.  Creo que, salvo por mi cumpleaños, el resto del año no me llaman ni una sola vez.  Por fortuna, mi madre ha aprendido a utilizar internet y nos escribimos prácticamente a diario.

Hubo una temporada en que intenté ser la persona que generara la comunicación, pero en lugar de eso lo que sucedió fue un monólogo que acabó por agotarme.

Estoy seguro que esta situación también se debe en alguna medida a mí.  Es decir, estoy seguro que ellos quisieran hablarme y yo soy seco y superficial en algunas de mis respuestas.  Hay ocasiones en que estamos en grupo y hablamos de una manera muy particular… sobre cosas, sobre personas, pero no sobre nosotros, sobre la familia.

No lo sé, pero prefiero hablar en corto con cada uno para intentar sacar alguna conclusión.   Sin embargo, estas ocasiones son cada vez más raras de tener.  Las últimas veces que eso sucedió han sido hace casi dos años con mi hermano y el año pasado con mi hermana.

También tengo que decir que mi palabra no es vigorosa cuando hablo con ellos, puesto que la distancia y la falta de comunicación hacen que mi visión de sus cosas sea limitada, eso, sin contar que ellos tampoco son libros abiertos precisamente.

Pero me estoy poniendo muy personal…

Lo que quería expresar era la diferencia entre las familias mexicanas y las españolas.  Entre las cosas que las diferencian están los niños.  Mientras que las familias españolas casi no cuentan con ellos, las de los mexicanos tienen un gran número de pequeños.

Los hijos son fuente de esperanza, trabajo, amor, gastos, alegrías, preocupaciones,  energía, agotamiento…

Yo aún no tengo y aunque me da un poco de respeto me gustaría ser padre en algún momento.

He podido ver en los últimos días lo bueno y lo menos bueno de los hijos.  Según dicen desde hace años tengo buena mano para los pequeños.  No lo sé.  Creo que soy paciente, pero es muy fácil tenerla cuando no estás cansado y se trata de un momento de atender a unos pequeños.

No creo que los niños arreglen los problemas de una pareja, ni que deban ser el objetivo primordial de formar una familia.  Puede sonar muy egoista y posmoderno, pero me parece que los niños deben ser una parte (importante, fundamental) de un individuo o de una pareja, pero no pueden ser el todo.

Personalmente no entiendo aquellas personas que sólo tienen un tema de conversación, sea éste su trabajo, sus hijos, sus pertenencias o sus problemas.  Creo que hay tantas dimensiones en un ser humano que es sano y atractivo conocer el mayor número de éstas.

En fin, que el viejo cine y las telenovelas han indicado a generaciones de mexicanos cómo se debe comportar una “familia decente”, cómo ser una “madre ejemplar”, cómo debe comportarse un “macho verdadero”…

Después de vivir en España creo que éste país, si bien ha visto cómo se mantienen algunas lacras terribles -como la violencia machista-, también tienen una visión de la familia menos conservadora, más acorde a unos tiempos en los que la irrupción de otras situaciones distintas que emergen con fuerza (dinkis, madres solteras, familias separadas, familias reunidas, familias de homosexuales/lesbianas).

La familia es un tema extenso, que seguramente tocaré en otro momento.

“Los mexicanos”

Agosto 15, 2007

He estado unos días de viaje por EEUU.

Durante varios años he tenido que estar en este país por razones familiares, de trabajo y de ocio.   Durante este tiempo he visto el avance de la migración mexicana en este país.

Se trata de una inmigración diferente a la que hay en España.  Gran parte de los mexicanos que viven en los “States” son personas de bajos recursos económicos.  Sin embargo, también hay otro grupo de connacionales con preparación académica y recursos económicos que viene a vivir (y a prosperar) en un país que ofrece múltiples oportunidades.

El mercado hispano lleva años creciendo y ya es uno de los segmentos de mercado más interesantes para las empresas.  Se crean servicios y productos para ellos, se habla español en prácticamente todo el país, cada vez hay más políticos de origen hispano…

Tal y como dicen en España de los árabes y los latinoamericanos, la reconquista viene en los vientres de las extranjeras.   Aunque los estadounidenses no tengan los problemas de natalidad que hay en algunos países de Europa, es verdad que su crecimiento poblacional se mantiene vigoroso por la aportación de los hispanos (muy especialmente los mexicanos).

Estar en ciudades como Nueva York o en estados como Texas te muestra la pujanza de la presencia de los mexicanos en Estados Unidos.

Sin embargo…

Hay una actitud que se mantiene intacta entre la misma comunidad mexicana: el desprecio y la altanería entre los mismos mexicanos.

Frases como:

“En mexiquito…”

“Los mexicanos…”

“Son unos nacos…”

Se escuchan con demasiada frecuencia en los labios de los mexicanos para referirse -siempre- al resto de sus connacionales.

En España tengo relación con brillantes mexicanos que intentamos ayudarnos entre nosotros y entre los que ha surgido una amistad.  Pero se trata de un grupo pequeño y, por lo tanto, no es representativo.

Pero me parece que esta actitud se mantiene en el fondo de nuestras mentes. El desprecio por el color moreno de la piel, por el tono y el acento en el hablar, por las actividades que realizan algunas personas… persiste.

Siempre comparamos lo bueno que es Estados Unidos (o España) frente a lo malo que es México.

Me gustaría que los mexicanos nos uniéramos más para hacer cosas positivas tanto para la comunidad en la que residimos, ya sea España, Estados Unidos o cualquier otro país; que hiciéramos cosas por nosotros mismos donde quiera que estemos, y que también consiguiéramos hacer algo por México.

Muchas veces vivo con el corazón y la mente divididas cuando pienso en lo que podría hacer en estos tres aspectos.  Pienso que he hecho algo, pero es -a mi modo de ver- insuficiente.

Creo que los mexicanos estamos tan bien o algunas veces hasta mejor preparados que cualquier persona de cualquier país desarrollado.

Es verdad que hay millones que no han tenido acceso a la educación o que ésta ha sido deficiente, limitando sus posibilidades de desarrollo.  Pero mi reflexión es que “los mexicanos” no somos una raza distinta (como algunas veces pensamos en un ombligismo cavernario), sino un grupo de seres humanos con potencial inmenso.

La cuestión es que no nos lo creemos.  Pensamos que somos menos que un tipo con una piel más blanca, ojos claro o un idioma diferente al español… pero no es así.  La primera gran barrera que tenemos  que superar para alcanzar un mejor nivel de vida es tener más confianza en nosotros mismos y dejar de lado ese atavismo que hemos promovido en la mente colectiva de un pueblo que es visto con interés y envidia por otros países.

El oro de los otros siempre parece mejor, pero para mí -después de haber dado alguna vuelta y conocido a alguna gente- me parece que es el mismo o incluso mejor oro que el que envidiamos de otros países.