Archivo de Julio 2007

Los niños de Morelia

Julio 22, 2007

En su más reciente viaje a México, el presidente Zapatero se reunió con “Los niños de Morelia“.

Quizás se trate del grupo más representativo de españoles que recalaron en México huyendo del hambre y de la guerra que entonces sufría España.

Este emotivo encuentro ocurrido 70 años después de la llegada de los entonces niños (hoy venerables ancianos) a México establece un acto de recuperación de memoria histórica hermosa, pero incompleta y no recíproca.

En este video se puede ver la forma tan entusiasta en que estos pobres niños fueron recibidos en México hace 70 años:

Sobre este encuentro se puede leer en El País:

“El jefe del Gobierno español ha agradecido la solidaria acogida que recibieron en México, que contrastó, ha dicho, con “la crudeza de la España de entonces, sumida en la confrontación y la violencia”. Los niños de Morelia, alrededor de 450 chicos y chicas, partieron de la Estación de Francia en Barcelona en mayo de 1937 en dirección a Burdeos, donde tomaron el barco que les llevó a Veracruz (México). Llegaron un 7 de junio, pero su destino final era Morelia”.

También contrasta, aunque es evidente que de manera menos dramática, con la frialdad y la desmemoria con la que España recibe hoy a los inmigrantes, incluidos los mexicanos.

Nunca me han parecido del todo bien las políticas de discriminación positiva. Las entiendo y, en algunos casos, las valoro como la unica manera de abrir una puerta a las personas cuyas posibilidades se ven mermadas por cuestiones económicas, de género o raza. Pero al mismo tiempo me parece que el gobierno español habría que tomar en cuenta la Historia en el momento de establecer ciertas políticas.

Estoy pensando en la promoción de acuerdos bilaterales para la llegada de los mexicanos en España en condiciones preferenciales.

Ya he señalado anteriormente que la situación va en sentido contrario, sobre todo con nuevas restricciones a la entrada de mexicanos a suelo español.

Pero en este escenario, las responsabilidades también son compartidas y, en este caso, las del gobierno mexicano no han sido asumidas con eficacia ni con prontitud.

A lo largo de los años que llevo viviendo en Madrid, al pedir ayuda a la embajada de México en España he sido atendido por diversos responsables de tres administraciones (Zedillo, Fox y Calderón), pero nunca he recibido una respuesta ni una ayuda reales y efectivas.

Asimismo, me he puesto en contacto con Presidencia de la República, con autoridades de las Secretarías de Gobernación y Relaciones Exteriores, y hasta con Partidos Políticos (todos sin excepción) y de ninguno he recibido una ayuda real para atender las necesidades, no sólo mías, sino de la comunidad de mexicanos en España.

Me gustaría saber que no tendré que esperar 70 años como “Los niños de Morelia” para que los mexicanos que vivimos en España recibimos algo de atención de parte de las autoridades mexicanas.

Otro acuerdo más

Julio 15, 2007

Zapatero, presidente español, firmará en los próximo días un “declaración para profundizar la Asociación Estratégica entre México-España”.

Según un artículo firmado de manera conjunta, también suscrito por Calderón, presidente mexicano:

En dicha Declaración anunciamos una nueva etapa de cooperación, en la que perseguiremos una amplia gama de objetivos, que van desde propiciar un mayor conocimiento mutuo entre nuestros pueblos, hasta trabajar conjuntamente para encontrar una solución a graves problemas de alcance global, como el cambio climático, la delincuencia transnacional organizada y el terrorismo internacional.

Bla, bla, bla…

Nuevamente en el diálogo entre ambos gobiernos se habla de temas globales y se deja fuera a los ciudadanos; a los intereses de los individuos y a sus necesidades inmediatas.

¿Qué hay de un tratamiento migratorio especial para los mexicanos? El anterior gobierno de Fox hizo el ridículo al anunciar un acuerdo migratorio que tuvo que ser desmentido por las autoridades españolas.

No sólo no se ha llegado a un acuerdo migratorio, sino que incluso se han impuesto más restricciones a la entrada de los mexicanos a España y a la Unión Europea, en el que es la primera afrenta al joven gobierno de Calderón.

¿De eso se hablará en la reunión entre ambos mandatarios? Lo dudo.

Mientras que otros grupos de inmigrantes tienen sus casas de reunión en España cedidas por los ayuntamientos, las Comunidades Autónomas o el propio gobierno central, México -hasta donde conozco- no tiene un espacio de este tipo en ninguna ciudad española y los que existen son promovidos por el lado mexicano (Casa de Veracruz en Madrid/España, etc.).

La presencia de mexicanos en España sigue siendo relativamente baja en comparación con nacionales de otros países (y más si se le compara con los mexicanos que hay en EEUU), pero no me cansaré en insistir en que hasta que no se le otorgue al mexicano un espacio de importancia en España se vivirá una injusticia histórica y eso va más allá del número de personas que vivamos en este país europeo.

Injusticia histórica por no reconocer el papel fundamental que jugó México para ayudar en la construcción de lo que hoy es España.

Es verdad que en la historia de las relaciones entre ambos países, los mexicanos le debemos (y mucho) a los españoles que huyeron de su país y enriquecieron México, una nación que al final sintieron suya.

Pero este legado es reconocido y venerado por los propios mexicanos, ese no es el problema. El hecho de que no se haga lo mismo con México me parece que es injusto y un ejercicio terrible de olvido y desprecio a la memoria.

Espero que Calderón haga valer el papel estratégico que tiene México para conseguir este cometido. Ha comenzado mal, pero aún tiene tiempo de rectificar.

Abuelas impertinentes

Julio 8, 2007

Ayer por la noche salí con un par de chicas.  Como no es muy gratificante lo que voy a escribir prefiero omitir los detalles.

Nos encontramos en el centro de Madrid.  Ellas confiaban en mí para que las llevara a cenar.  Al final recalamos en una de las plazas más hermosas y concurridas del verano madrileño.  Llegamos a uno de mis sitios favoritos y les indiqué lo más recomendable en la carta.  Pedimos y llegó el momento de hablar…

-¿Y tú qué? ¿Tienes novia, eres divorciado, tienes hijos? – me soltó una a bocajarro.

Después de un par de segundos de estupefacción por la impertinencia de la pregunta, atiné a responderle que estaba soltero después de haber terminado una larga relación.

- ¿Te has comprado una casa? – inquirió la otra.

Con un tono seco por una nueva pregunta fuera de lugar, contesté que los precios estaban excesivamente altos y que no quería cambiar mi estilo de vida por un nicho… además de que podía tener otros planes.

- ¿Conocerás a un chorro de mexicanos? ¿No tienes amigos españoles? – insistió la primera.

Guardando la calma e intentando cortar de una vez con ese absurdo interrogatorio dije que por supuesto que tenía amigos españoles y que muchos de los amigos mexicanos que había hecho a lo largo de mi vida madrileña habían vuelto al país.

La siguiente media hora reinó un ambiente denso que dio paso a un aburrimiento demencial.  Los tres no nos mirábamos y apenas hablábamos sobre nimiedades.  Las chicas estaban pendientes de las niñas lindas que adornaban la plaza y sólo reclamaban la ausencia de hombres guapos.   Sus bostezos llegaron a desquiciarme.

Originalmente, la idea que tenía es que cenaríamos y luego seguiríamos de marcha.  Sin embargo, cuando pagamos la cuenta y les dije de ir a tomar algo indicaron que no querían perder el metro.   Esto acabó de incomodarme, pero siempre pienso que hay que estar a la altura y guardar las formas a pesar de lo molesto que uno pueda estar.

Así las cosas, la noche fue una de las más aburridas que he vivido hace mucho tiempo.

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Quizás sea yo el que haya malinterpretado las preguntas de las chicas.

Puede ser que su interés fuera auténtico y que no se les ocurriera otros temas de convesación.

También es posible que su profesión les llevara a realizar estas preguntas directamente, sin pensárselo dos veces.

La verdad es que mi situación en España me libra de tener que estar dando explicaciones a nadie de lo que hago y dejo de hacer.  No digo que sea el mejor ni el más listo, nada de eso.  La gente que me importa conoce mis razones y respetan mis decisiones, aunque ellos, como yo, hubieran querido que hubiera alcanzado algún resultado de una manera distinta.

Lo que me molestó de la situación que antes narré han sido dos cosas:

- No preguntes nada personal a alguien que acabas de conocer, so riesgo de ser un pelma impertinente.

- Si estás cansado, dilo, y no comprometas algo que no puedas sostener.

Los bostezos, las miradas distraídas, las sonrisas forzadas en el momento de despedirnos… Hay gente que envejece mal.

Y si encima se comportan como “abuelas” (estoy generalizando, es cierto) de esas que juzgan sin detenerse a pensar (ni a respetar) las razones de los demás, pues los zurcos que rodean sus ojos son terrenos estériles en los que ninguna mirada puede encontrar fertilidad.