En su más reciente viaje a México, el presidente Zapatero se reunió con “Los niños de Morelia“.
Quizás se trate del grupo más representativo de españoles que recalaron en México huyendo del hambre y de la guerra que entonces sufría España.

Este emotivo encuentro ocurrido 70 años después de la llegada de los entonces niños (hoy venerables ancianos) a México establece un acto de recuperación de memoria histórica hermosa, pero incompleta y no recíproca.
En este video se puede ver la forma tan entusiasta en que estos pobres niños fueron recibidos en México hace 70 años:
Sobre este encuentro se puede leer en El País:
“El jefe del Gobierno español ha agradecido la solidaria acogida que recibieron en México, que contrastó, ha dicho, con “la crudeza de la España de entonces, sumida en la confrontación y la violencia”. Los niños de Morelia, alrededor de 450 chicos y chicas, partieron de la Estación de Francia en Barcelona en mayo de 1937 en dirección a Burdeos, donde tomaron el barco que les llevó a Veracruz (México). Llegaron un 7 de junio, pero su destino final era Morelia”.
También contrasta, aunque es evidente que de manera menos dramática, con la frialdad y la desmemoria con la que España recibe hoy a los inmigrantes, incluidos los mexicanos.
Nunca me han parecido del todo bien las políticas de discriminación positiva. Las entiendo y, en algunos casos, las valoro como la unica manera de abrir una puerta a las personas cuyas posibilidades se ven mermadas por cuestiones económicas, de género o raza. Pero al mismo tiempo me parece que el gobierno español habría que tomar en cuenta la Historia en el momento de establecer ciertas políticas.
Estoy pensando en la promoción de acuerdos bilaterales para la llegada de los mexicanos en España en condiciones preferenciales.
Ya he señalado anteriormente que la situación va en sentido contrario, sobre todo con nuevas restricciones a la entrada de mexicanos a suelo español.
Pero en este escenario, las responsabilidades también son compartidas y, en este caso, las del gobierno mexicano no han sido asumidas con eficacia ni con prontitud.
A lo largo de los años que llevo viviendo en Madrid, al pedir ayuda a la embajada de México en España he sido atendido por diversos responsables de tres administraciones (Zedillo, Fox y Calderón), pero nunca he recibido una respuesta ni una ayuda reales y efectivas.
Asimismo, me he puesto en contacto con Presidencia de la República, con autoridades de las Secretarías de Gobernación y Relaciones Exteriores, y hasta con Partidos Políticos (todos sin excepción) y de ninguno he recibido una ayuda real para atender las necesidades, no sólo mías, sino de la comunidad de mexicanos en España.
Me gustaría saber que no tendré que esperar 70 años como “Los niños de Morelia” para que los mexicanos que vivimos en España recibimos algo de atención de parte de las autoridades mexicanas.